
La misión de reconocimiento en el planeta XV74 había sido un éxito. Los integrantes de la expedición extrajeron suficiente cantidad de milamita como para llenar las bodegas del runabout, y regresaban a la base en un tranquilo y distendido viaje.
El USS San Martín, en su viaje inaugural, había cumplido sobradamente la misión que se le había encomendado. La estrella enana EWX16, brillando debajo de la nave, dibujaba un artístico cuadro: parecía un blanco corcel, (como el que usaba el General San Martín seis siglos antes), llevando en su luz a la nave en triunfal regreso.
La tripulación, todos ellos oficiales de la flota, había sido seleccionada especialmente para esta misión, ya que siendo oficiales altamente experimentados, habían demostrado sobradamente sus aptitudes y su predisposición para innovar en cualquier circunstancia. Tratándose de un material tan inestable como la milamita, había que extremar las precauciones, porque este metal derivado del milamagnesio y la magnetita, tenía propiedades aún no comprobadas por los científicos de la flota.
Ls bodegas fueron especialmente acondicionadas para transportarlo, y por eso la tripulación ahora podía relajarse luego de varios días en los cuales tuvieron que estar extremadamente alertas.
El capitán de la misión, comandante Baudille, luego de su segundo café, se dedicaba a leer detenidamente el último libro de especificaciones técnicas de la nave prototipo “NX Stratos”; un proyecto que pretende utilizar la energía de la capa de ozono (justo encima de la estratosfera de la Tierra), no sólo para propulsar la nave hacia el espacio, sino también para, al mismo tiempo, mediante un proceso de retroinversión de antimateria, regenerar el ozono, lo cual sería muy bien aprovechado en varios planetas de la federación que sufrían la escasez de tan preciado gas.
El comandante Choves, estaba por completo dedicado a sus mini-androides. Él tiene un talento especial para construir pequeños “muñecos”, con la capacidad de un androide, que pueden interactuar con las personas a su alrededor bastante convincentemente. Gustavo Choves es todo un experto en la materia, (de hecho, el único en el cuadrante), y estaba dedicado de lleno a su nueva creación, su desafío más interesante hasta ahora: “Data/10”, una réplica del legendario comandante, pero a escala 1/10.
El piloto, Noonien Soong, (Quien a pesar de llevar el mismo nombre y apellido del renombrado doctor no era ni pariente lejano, y de quien se decía pese a la ausencia de ojos oblicuos en su rostro, que estaba emparentado con el mítico “Señor Sulu”, y de hecho, era tan bueno como él en su oficio), había dejado a la nave en curso automático hacia la base estelar, y se dedicaba a mejorar su pronunciación Klingon. Pensaba visitar el imperio en sus próximas vacaciones, y por alguna causa, sentía una desconfianza radical hacia los traductores universales.
Kahless Clon, ni mas ni menos que un clon de centésimo cuarta generación del “inolvidable”, el Creador del Imperio, se dedicaba a practicar los difíciles movimientos de manejo del Bathlet; ejercicios que ejecutaba con total maestría, y técnica que demostraba cada vez que era necesaria su pericia y valentía sin par en el cuadrante.
Tal vez porque estaban todos ocupados en lo suyo, es que no lograron darse cuenta en qué momento se durmieron. Lo cierto es que todos estaban dormidos, como desmayados; excepto el pequeño “Data/10” que, casualmente había cobrado animación justo en el momento en que su “padre” perdía el conocimiento.
Las estrellas formaban un amplio abanico que abarcaba el campo de visión del capitán.
El cielo se trasformaba entonces en un enorme telón negro repleto de agujeros. El capitán recordó que así les había parecido a los hombres hace tantísimos años, y sonrió por lo bajo. Seguramente todo lo que hoy en día conocemos será tan elemental para generaciones futuras que también sonreirán ante la ingenuidad de nuestros más afamados científicos.
Con estos pensamientos, su cerebro volvió a la normalidad, y entonces se dio cuenta de que no se encontraba en la nave… más bien estaba recostado en algo blando y húmedo… ¡césped!.
Se incorporó inmediatamente, para comprobar que todos sus compañeros aún dormían, en aquel lugar desconocido, junto a la nave, posada suavemente en una loma cercana.
Despertó primero a Kahless, quien se incorporó bathlet en mano, preparado para cualquier peligro.
Luego de analizar los alrededores con el tricorder, comprobando que no había ningún peligro cercano, despertaron a los demás.
Enseguida, el capitán utilizó el tricorder para tratar de averiguar dónde se encontraban. El rostro de sorpresa se extendió a sus compañeros como una explosión de antimateria: “TIERRA – 2009/05/05 – BUENOS AIRES”
¡Estaban en el pasado!. ¿Cómo puede ser posible?. ¿En qué momento fueron trasladados?. Una revisión rápida de la nave, los llevó a terribles conclusiones: No había una molécula de energía en toda la nave. No funcionaban ni las luces. Y lo peor era que… ¡Toda la milamita había desaparecido!.
[…]
Data/10 se inclinó suavemente hacia el rostro de su “padre”, y lo observó con detenimiento. Parecía profundamente dormido. Eso era extraño. ¿Quién lo había puesto en animación si su padre dormía?. ¿Acaso la computadora?.
Observó el panel delante de su padre, pero no se veía nada anormal.
Llamó una, dos y tres veces: “Padre…”, “Padre…”, “Padree!”. Sin respuesta. Sus microcircuitos positrónicos funcionaban vertiginosamente tratando de decidir cuál sería su próximo paso.
No sin esfuerzo, trepó a los controles del panel, y saltando sobre ellos, abrió un canal de comunicación a la nave:
- Hola!. Aquí Data/10, necesito ayuda. Hay alguien en la nave?.
- (Sin respuesta)
- Atención!, cualquier tripulante que escuche, por favor respondan!
- (Sin respuesta).
Data/10 estaba “sintiendo” algo extraño… Según la base de datos de su memoria, dados los síntomas, podría asegurar que estaba sintiendo “angustia”… Pero eso era virtualmente imposible, dado que su “padre” jamás le había implantado nada similar a un chip emocional como el que tenía el Data original…
Estaba en esos pensamientos cuando inmediatamente conoció un nuevo sentimiento: El miedo. Y eso fue debido a la enorme figura vestida de negro y rojo que apareció espontáneamente ante sus ojos. El hombre dijo:
- ¡Hola Pinocho!. ¿Qué pasó?. ¿Geppeto está durmiendo?.
Y Data/10, en una instintiva reacción desconocida para sus circuitos supuestamente insensibles, corrió sobre el tablero, para refugiarse como una criatura indefensa entre los brazos de su inconsciente padre…





